Manuel Alvarado Ledesma
La Nación 15/6/13
Históricamente, el esquema ideológico ha permitido un Poder Ejecutivo con extrema discrecionalidad, a resultas de la inestabilidad de las instituciones, que conlleva una Corte Suprema y un Legislativo –poco profesional– mayormente alineados con el gobierno de turno. Este cuadro está caracterizado, a su vez, por una burocracia estatal –cada vez más politizada– que no logra ser un factor de estabilización. A partir de la década del ’40, los gobiernos adquieren un sesgo populista que caracteriza nuestra historia –con algunas excepciones– y que en los últimos años ha hecho carne en el cuerpo social. En consonancia con prejuicios arraigados, tal sesgo trae bajo el ala políticas industrialistas que, ignorando las ventajas comparativas y competitivas, actúa en desmedro de la cadena agroindustrial: especialmente el eslabón primario. Paradójicamente, este eslabón resulta –per se– demandante y generador de industrias porque cada vez más lo agrario se amalgama con lo industrial


