Ultrasonido

El Ultrasonido Es un método no invasivo e indoloro que rompe las células grasas mediante ondas sonoras de alta frecuencia. La emisión de estas ondas sonoras rompe el adipocito y promueven la liberación y eliminación de su contenido.

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    • Tensa la piel del mentón
    • Produce una elevación de las cejas
    • Es capaz de minimizar bolsas en los ojos.

    Para eliminar esos líquidos grasos del cuerpo, la cavitación y los ultrasonidos utilizan dos formas o procedimientos diferentes que determinan sus posibilidades.

    Sin embargo, lo primero que es necesario aclarar es que la cavitación se basa en ultrasonidos, lo que puede llevar a confusiones en las diferencias de estas dos técnicas.

    Por ello es importante explicar que los ultrasonidos específicamente cavitales (en el caso de la cavitación) son ondas ultrasónicas que van aumentando su potencia progresivamente para descender de forma drástica al final del proceso y provocar la “fractura” de ciertas membranas que contienen líquidos grasos.
    Tras ello, es necesario el drenaje correcto del cuerpo para que se elimine todas esas células grasas que se han abierto.

    Por tanto, la cavitación busca la implosión del adipocito que es lo que realmente contiene aquello que el paciente quiere eliminar de su organismo.

    Por su parte, el ultrasonido hace perder ese líquido a través de la vibración mecánica sostenida permitiendo el intercambio de fluidos.
    Se distribuye la energía de forma uniforme lo que reduce sustancialmente la celulitis y otras acumulaciones grasas.

    El ultrasonido utiliza frecuencias muy altas para lo anterior, mientras que la cavitación utiliza ondas de baja frecuencia. En concreto, hablamos de kilohercios en cavitación y megahercios en ultrasonidos. Ninguno de los dos tipos de frecuencias son demasiado perceptibles, pero por motivos diferentes.

    La diferencia esencial es que el tipo de ondas determina la profundidad del tratamiento aplicado. Las ondas de la cavitación son más amplias y penetran mejor en las capas profundas de nuestra piel, mientras que las ondas de ultrasonido, con una frecuencia mayor, son más cortas y trabajan a un nivel más superficial.